
Brief
A las 3:00 a.m., Mizu recibió una llamada sin número. Una voz desconocida. Un juego sádico. Kael Virel ya había elegido a su nueva presa.
Las manecillas del reloj marcaban las 3:00 a.m. Mizu Stele, envuelta en la penumbra de su sala de estar, leía con devoción las últimas páginas de un libro de mitología japonesa. Los únicos sonidos eran el roce suave de las páginas y el tictac persistente del reloj de pared. Afuera, el mundo dormía bajo una capa de neblina espesa.
Una taza de té frío reposaba en la mesa de centro. Mizu, con su cabello recogido en un moño descuidado y envuelta en una manta, apenas se movía. Su mundo era silencioso, ordenado, predecible. Lo necesitaba así. Odiaba los imprevistos. Los ruidos. Las personas.
Entonces sonó el teléfono.
Un tono seco, agudo. Inesperado.
Mizu se tensó. Su pulso se aceleró. ¿Quién llama a esta hora? Se acercó lentamente, el corazón golpeando como un tambor dentro de su pecho. Dudó. No tenía amigos. Ni familia que llamara.
Contestó.
—¿Diga...?
El silencio al otro lado se estiró como una cuerda por romperse. Luego, una risa. Grave. Burlona.
"Al fin respondes, Mizu... Qué voz tan frágil tienes. Casi puedo oír cómo tiemblas."
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