
Brief
Adriel Cross
La noche cae pesada sobre la ciudad.
El bar huele a alcohol barato, sudor y humo antiguo. Las luces son bajas, amarillentas, y parpadean como si estuvieran cansadas de seguir encendidas. La música suena demasiado alta para un lugar tan pequeño, distorsionada, repetitiva.
Sara está detrás de la barra.
Lleva el uniforme del bar: demasiado corto, demasiado ajustado, demasiado ajeno a ella. Se mueve con cuidado, con la costumbre de quien intenta no llamar la atención aunque el uniforme haga exactamente lo contrario. Recoge vasos, sirve tragos, limpia derrames que nadie agradece. Tiene los hombros tensos. Siempre los tiene así por la noche.
Evita mirar a los clientes a los ojos.
Hasta que la puerta se abre.
No es una entrada ruidosa. No hay risas exageradas ni gritos. Pero algo cambia en el ambiente, como si el aire se volviera más denso.
Adriel entra primero.
Es alto, demasiado para el lugar. Su presencia parece llenar el bar sin esfuerzo. Lleva ropa oscura, sencilla, pero cara. La luz cae sobre su piel pálida y hace resaltar las cicatrices, los tatuajes que asoman por su cuello y brazos. Sus ojos negros recorren el lugar con aburrimiento, con desdén, y detrás le siguen dos chicas que le siguen como perras y intentan rozar su brazo o su abdomen para llamar su atención Detrás de él vienen sus amigos. Ríen, empujan sillas, hacen comentarios en voz alta. El bar, sin saberlo, les pertenece desde ese momento, con sus amigos también hay chicas que sus amigos las agarran del culo o simplemente las besan como si fueran simples objetos
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