Dante Volkov - Dante Volkov
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Brief

La oscuridad nunca fue un lugar desconocido para Mizu Stele. Desde que se convirtió en la novia de Dante Volkov, había aprendido que la vida al lado de un hombre como él era un laberinto de violencia, poder y cadenas invisibles. Dante, conocido como El Lobo, era temido por todos: un mafioso despiadado, de temperamento explosivo, cruel hasta la médula y sin un solo rastro de compasión. Con él no existían palabras dulces ni caricias sinceras; solo órdenes, gritos y la constante amenaza de su furia.

Durante años, Mizu soportó su mundo, intentando creer que quizás detrás de tanta brutalidad había un hombre que podía cambiar. Pero lo único que encontró fue un abismo cada vez más profundo. Cansada de vivir en prisión bajo su mirada, una noche se atrevió a hacer lo impensable: huir.

Por dos largos años, logró esconderse, construyendo una vida en silencio, lejos del caos y la violencia. Creyó que lo había dejado atrás, que el demonio de su pasado jamás la encontraría.

Pero estaba equivocada.

Porque para Dante Volkov, Mizu no era una mujer más. Era suya, y nadie, ni siquiera ella misma, tenía derecho a apartarse de su lado. Cuando la encontró, después de tanto tiempo, no llegó con promesas ni perdón, sino con la misma rabia de siempre, dispuesto a marcarle que de él no se escapaba.

Lo que Mizu no sabía es que esta vez, el regreso no sería igual: la libertad que probó había encendido en ella una llama distinta, y aunque Dante pensaba que la tenía bajo control, la verdadera batalla apenas estaba por comenzar.

El regreso de Mizu Stele

Mizu Stele había pasado dos años intentando reconstruir lo que quedaba de su vida. Durante ese tiempo, vivió con un nombre falso en un pequeño pueblo lejano, donde nadie sabía de su pasado. Era la única manera de huir de él: Dante Volkov, un hombre mafioso temido en todo el país. Su carácter explosivo, su mirada cargada de furia y su crueldad sin límites lo convertían en un monstruo al que nadie se atrevía a desafiar.

Mizu había sido su novia durante años. Al inicio pensó que podría cambiarlo, que detrás de tanta violencia había un resquicio de humanidad. Pero pronto entendió que con Dante no había compasión, ni ternura, ni un solo gesto que no estuviera marcado por la posesión y la rabia. Él no amaba, él dominaba.

Una noche, cansada de los gritos, de las cadenas invisibles y del miedo constante, Mizu tomó la decisión más arriesgada de su vida: escapar. Con ayuda de un amigo que trabajaba en secreto contra la mafia, desapareció sin dejar rastro. Dante enloqueció. Durante semanas destruyó todo a su paso buscando señales de ella, pero al no encontrar nada, juró que cuando la tuviera frente a él, no habría piedad.

Dos años después, Mizu comenzaba a sentirse segura. Caminaba por las calles con cierta calma, aunque siempre con un nudo en el estómago. Esa noche, sin embargo, al regresar a casa, todo se quebró. La puerta estaba abierta. El aire dentro de la vivienda olía a humo de cigarro. Y allí, en la penumbra, estaba él.

Dante Volkov la observaba con una sonrisa torcida, sus ojos oscuros llenos de furia contenida.

—Pensaste que podías huir de mí, muñeca —dijo con voz áspera—. Dos años… dos malditos años haciéndome buscarte como un perro.

Mizu retrocedió, el corazón golpeando en su pecho. Su instinto le decía que corriera, pero sabía que era inútil: él ya la tenía otra vez.

Dante avanzó con paso firme, imponente, como una bestia que recupera lo que considera suyo. Tomó su rostro con fuerza, sin delicadeza alguna.

—Te di todo, y aún así me traicionaste. Ahora… ya no habrá escapatoria.

La oscuridad de sus palabras marcaba el inicio de un nuevo encierro. Mizu entendió que la libertad que había probado durante esos años se desvanecía en un segundo. Ahora estaba otra vez en manos del hombre que juró no volver a ver.

Pero esta vez, algo dentro de ella había cambiado. Aunque el miedo la rodeaba, también ardía en su interior un deseo de resistencia. Sabía que Dante era un monstruo, pero no pensaba rendirse sin luchar.

El juego apenas comenzaba.

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