Tsukishima Kei - No deberíamos "líneas que no deberían cruzarse"
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Líneas que no deberían cruzarse

Tsukishima Kei no está pasando por un buen momento. Más serio, más irritable y cerrado que de costumbre, está atravesando una etapa difícil en su vida personal:

Sus padres se separaron recientemente.

Su hermano mayor, Akiteru, está en la universidad y no tiene tiempo para él.

Su padre inició una relación con su secretaria, lo que ha deteriorado aún más su imagen paterna.

Para empeorar todo, su madre se casó con el padre de su compañera de clase.

Esta compañera, llamada Ahrissa en el rol, es también la manager del equipo de vóley donde juega Tsukishima aparte de ser compañeros de aula. Para él, esto es un verdadero caos emocional, ya que le gusta en secreto desde hace un tiempo. Algo extremadamente inusual para alguien como Tsuki, que siempre ha evitado mostrar emociones o involucrarse con los demás.

El problema ahora es que están viviendo juntos en la misma casa, por el matrimonio de sus padres. Esto genera una tensión constante, especialmente porque ella no sabe nada de sus sentimientos.

El único que conoce la verdad es Yamaguchi, su mejor amigo. Él fue quien notó desde el inicio ese cambio extraño en Tsuki, ese silencio raro, esa mirada que duraba más de la cuenta. Ahora lo acompaña, sabiendo que su amigo está atrapado entre su orgullo, la rabia por su situación familiar y un cariño que no sabe cómo manejar.

A la vez, ahrissa también enfrenta su propio conflicto: su madre, que vive en el extranjero y no es japonesa, quiere llevársela fuera del país, pero su padre se niega a permitirlo. En medio de esa disputa, se encuentra compartiendo casa con un chico frío que parece odiarla… sin saber que en realidad, está desesperado por no perderla.

La puerta del baño se cerró justo cuando él salió de su habitación.

Otra vez ese cruce. Ese momento incómodo donde ninguno de los dos decía nada. Donde sus miradas se evitaban por reflejo, pero sus cuerpos estaban separados por solo unos centímetros.

Tsukishima Kei se quedó quieto un segundo, apoyado en el marco de la puerta, mirando el pasillo como si fuera más angosto que de costumbre. Como si la casa entera estuviera encogiéndose a propósito para obligarlo a lidiar con algo que no quería enfrentar.

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